Ensayo inédito

Pepita Turina

VERDADES PUNZANTES

EL PSICOANÁLISIS DENIGRANTE

          EL PSICOANALISIS DENIGRANTE se ha aplicado más rigurosamente con los artistas y escritores. Se piensa que el delincuente psicoanalizado merece injurias. No así el artista o el escritor.

          En la página del diario “La Tercera de la hora” donde cada domingo Carlos Ruíz-Tagle comenta libros, a propósito de “Psicoanálisis y Literatura” de Hendrik Marinus Ruitenbeek (1928), el comentarista, en septiembre de 1981, se mostró horrorizado. Comienza: “Los astructuralistas convirtieron en gramática todo lo que era poesía, pero los psicoanalistas llegaron más lejos. Convirtieron en maníacos sexuales a los más grandes valores de todas las épocas. Se trata de un libro de 450 páginas donde encontramos una interpretación monstruosa de los cuentos de Edgar Allan Poe”.

          Leyéndolo, después, sentí igualmente horror. La discípula de Freud, Marie Bonaparte (1882-1962), que ha psicoanalizado los cuentos de Poe, afirma que la armadura de esas páginas revelan su impotencia sexual y un amor exagerado por la madre. La predilección de Poe — según: Marie Bonaparte (1882-1962) — por argumentos macabros, siniestros, aterradores, espeluznantes, por el agua, las enfermedades, muertes, devienen todos “de incipientes factores eróticos “ cristalizados desde y por la muerte prematura de su madre. El Complejo de Edipo es el deseo de la madre, La analista escribe. “ Los cuentos de Poe derivados del “odio edípico” hacia John Allan, el padre adoptivo y “cuyo severidad dejó uno marca indeleble en el niño en pleno crecimiento”. Como Poe utilizó en sus historias relojes, péndulos y tornillos dice: “Los relojes, o el tic tac del reloj son símbolos clásicos, en el inconsciente del órgano femenino y las palpitaciones, en lo excitación sexual, del minúsculo clítoris que oculta”. Y a los tornillos los identifica con el pene, sus movimientos y su penetración. Las sostenidas afirmaciones de Marie Bonaparte hacen pensar que la verdaderamente obsesionada por la sexualidad y el freudianismio es ella. Edgar Allan Poe era un alcohólico perdido ¿Por qué sus atroces cuentos no devienen de sus delirios alcohólicos? ¿Por qué no emanan de otras fuentes? Según el psicoanalista no somos sino seres sexuales. Hasta cuando rechazamos el sexo lo hacemos por su culpe. Todos nuestros conflictos  son la base sexual, desde vivir dentro de la madre, hasta salir al mundo por los órganos sexuales. El arte, el trabajo, todo lo que hacemos y lo que no hacemos, lo que recordarnos y lo que olvidamos tienen una significación orgánica fuertemente relacionada con el sexo, Según los psicoanalistas en la vida entera no se cambia de amor. El amor a la madre en el hombre, el amor al padre en la mujer, es él que jamás se destruye y sólo se mimetiza en las más variadas formas normales y anormales. Para Gastón Bachelard hasta la naturaleza, sentimentalmente es una proyección de la madre. ¿No se dice "la madre naturaleza"?

          El sexo es poderoso, usemos el superlativo "poderosísimo", ya que es generador de la vida, pero atribuir todas las tendencias al sexo resulta exagerado. Críticos de pintura, refiriéndose a Giorgio de Chirico, interpretando sus cuadros de torres y sombras  de arcadas como fálicas y vaginales. Dudas se han suscitado también por otra marcada predilección de la psiquiatría y la psicología: la infancia. Los traumas en niños de corta edad han sido investigados por Jerome Kegan, de la Universidad de Harvard, Estados Unidos, quien llegó a la conclusión de “que muy poco se puede predecir acerca de la personalidad y comportamiento del adulto, a partir de experiencias que se hayan vivido entre los cero y tres años".

          El psiquiatra suizo Carl Gustav Jung (1875-1961), seguro de que los escritores son esquizofrénicos, ya que esquizofrenia significa escape del mundo real para introducirse en el de la fantasía, al encontrarse con la personalidad de James Joyce advierte que el escritor no destruye, como hace el esquizofrénico incapaz de tal escape. Umberto Eco, el escritor italiano, estudiando el trabajo de Jung dice: “que toma la obra de Joyce como material clínico para estudiarla al microscopio, no confiere a su ensayo un aspecto del todo benévolo; y quizá por eso Joyce nunca perdoné esta crítica. Sin embargo, las consideraciones jungianas, precisamente por ser ajenas a preocupaciones o polémicas literarias, son quizás de las afirmaciones más lúcidas sobre el alcance teórico del Ulises”.

          James Joyce (1882-1941), hizo una literatura agobiante, cansadora, desequilibrada y... valiosa. El escritor chileno Carlos Morand (1936- ), en un artículo dominical del diario El Mercurio, estampó: “Tanto ULISES como FINNEGANS WAKE no son para ser leídos sino para ser descifrados”. En ULISES todo sucede en un día, y, por contraste, no es un libro para leer en un día, sino toda la vida, de a muy poco, para no emborracharse como con un licor especioso, demasiado fuerte, que hay que saborear de a gotas. Muchos lectores de este monólogo interior lo leen saltado, deteniéndose en cualquier página, en párrafos, y dejándolo por años, disfrutando a medias de su oscuridad. El ejercicio de los escollos lingüísticos a los yuxtapuestos recuerdos confundidos; unos selectos, otros insubstanciales, requiere paciencia y anticipada admiración por lo difícil, La literatura de Joyce como la de Poe atrajo a los psiquiatras, por considerarla de alta inteligencia esquizofrénica.

          Como los delirios de Poe, las páginas de Joyce ¿no son, además aluciones de alcohólico?

          Increíblemente, en la conducta irrazonable de los razonadores no actúa la inteligencia, Las mentes superiores intelectualmente se encenagan. Abundan casos de alcohólicos entre brillantes literatos. Este vicio, excusable en una mente simple - si es posible asegurar que una mente humana es simple - destruye a hombres de cerebros superiores, que han destacado en forma relumbrante en el arte y la literatura. Es arduo entender por qué un individuo de mente poderosa, cae en el alcoholismo, y no le es posible detenerse, James Joyce aprendió dieciocho idiomas, escribió libros memorables y pasó cada día largas horas en tétricos bares de la peor especie. Para qué se busca belleza si en lo personal se la elude? ¿Para qué tanta fuerza literaria si se adolece de falta te vigor para afrontar la vida y es necesario recurrir al alcohol para evadir conflictos? ¿Es perdonable ser un gran escritor si es imposible evitar degradaciones?

          Virginia Woolf (1882-1941), autora de las más sobresalientes novelas inglesas, se crió en un ambiente culto y clasista, Su mundo era el de los ricos y el de los intelectuales que podían disfrutar de mansiones lujosas, veranear donde quisieran y recibir a las personas más señaladas, Sin embargo enloqueció. Era paranoica, depresiva y evitaba alimentarse. Angulosa, delgadísima, jamás pudo sobreponerse a sus crisis y terminó por suicidarse en el río Ouse. Buscó, para morir, el agua que tanto la atrajo en vida y una de sus novelas la tituló “Las Olas”.

          Octavio Paz (1914- ), ensayista y poeta mexicano, Premio Cervantes de Literatura, en declaraciones hechas en Madrid, tocó al psicoanálisis en un lineamiento sobre los escritores: “Parece que a nadie le interesa ya saber lo que escribió Shakespeare, por citar un ejemplo, sino conocer por qué lo escribió y qué había detrás de lo que escribió”.

          Quién ha visto las tragedias Shakesperianas es perseguido por un exceso de muertes. Hamlet es una carnicería de muertes múltiples, en Otelo el marido celosos asesina a su esposa, en Romeo y Julieta la muerte cierra la desesperación de estos amantes desgraciados. Para qué seguir. Lose personajes de los dramas de Shakespeare, con sus evidentes patologías, han preocupado a la medicina y más de un médico se ha asombrado del conocimiento de los síntomas y las conductas a que hizo ostensibles el dramaturgo. Escritores han demostrado que sin estudios de psicología, son psicólogos innatos. El penalista Jiménez de Asúa recorrió varios países dando conferencias sobre héroes novelescos, con evidencias comparativas a los mejores diagnósticos médicos y judiciales, y antes de que el psicoanálisis prevaleciera. Dostoievski y Kafka son buenos ejemplos. El profesor de psiquiatría Klemens Dieckhöfer, en la Universidad de Bonn habló de Cervantes y de sus personajes que reflejan admirablemente trastornos mentales de su época, que trasladados a la nuestra, entran en el conocimiento actual de la psiquiatría. Para Klemens el Licenciado Vidriera, que no permitía ser tocado por miedo a que lo rompieran, ya que por estar hecho de vidrio era extremadamente frágil, es un caso de esquizofrenia. James Joyce, en Ulises, hizo psicoanálisis, como en todo tiempo lo ha hecho el artista que se ocupa del hombre, porque Freud es sabio y grande que Bloom, creado por el escritor, pero le falta penetración artística, lo que quiere decir que hay umbrales que él no traspasa. Henry Miller (1891-1980), en “Cartas a Anais Nin” (Letters of Anais Nin), escribe: “Se me ocurrió pensar en la compleja que resulta la vida de la gente, en lo misteriosa y desconcertante que resulta y en lo sencillo que parece para los extraños, los psicólogos, por ejemplo, comprenderla; y después me dejé llevar por la idea de que el pobre psicólogo se siente satisfecho con mucha facilidad, se impresiona con excesiva rapidez, tiene respuestas para cada problema con la actitud apriorística de tener que localizarla dentro de un esquema (que él mismo se ha fabricado); de allí pasó a considerar que un escritor puede desconcertar por completo a un psicólogo; y no sólo eso, sino que, además, el escritor es más psicólogo que el otro, puesto que hace retoñar los misterios, los proyecta, los desarrolla y deja en suspenso las respuestas, porque estas no son importantes: el drama, el misterio, el esquema indescifrable es lo vital”.

          La psicología no la tienen sólo aquellos que se graduaron de psicólogos. Es un conocimiento natural para quién tiene dotes de observación.  El estafador y el pordiosero son grandes psicólogos. El niño lo es. Aún se puede decir que el perro lo es (el olor es su psicología). La psicología es más que una carrera universitaria ejercer de psicólogo.

          La psicología no es una ciencia exacta. Revisándola, es necesario comprender que no abarca la dirección total de la vida psíquica. Los trastornos mentales tienen raíces más profundas que los intentos para descontrolarlos. En vez de buscar curación a sus neurosis (o llevando su carga), Kafka, Proust, Joyce, optaron por ser  escritores. La neurosis es un fracaso vital cuando no superados lo desagradable.

          El psicoanálisis dio al artista exclusivos impulsos inconscientes. Freud lo califica como “un introvertido que no está lejos de la neurosis”. Trabajando sobre un grupo seleccionado de los conocidísimos solamente, los miles de escritores, de poetas que no se tomaron en cuenta no se ajustan a esas teorías. Por lo demás, nadie es absolutamente introvertido ni absolutamente extravertido. Las dos condiciones se mezclan, aunque una de las dos tenga predominio. Artistas muy sociables y comunicativos hay por montones. Más todavía: la fuerza creadora del artista extrae material de su vida psíquica y no elude la revisión de su alma para encontrar fórmulas de extraversión. Las significaciones contradictorias que publican los críticos de arte, los críticos literarios, los biógrafos, los psicoanalistas sobre poetas, prosistas, pintores, escultores confunden a los que siguen los procesos para conocer más y más a los eminentes, El psicoanálisis censor de Freud apunta: “Quieren alcanzar honores, poder, gloria y amor”. ¿Y quién no? ¿ Es necesario ser escritor para aspirar a tales bienes? Los políticos quieren lo mismo. Y aún gente mediana envidia el logro de los que alcanzan cumbres. El artista siente una urgencia íntima de expresar y lo hace silenciosamente el músico que compone en pautas, el escritor, el pintor, el escultor. ¿Han buscado este silencio expresivo para resonar? Eso viene después, si nace la vanidad de ser conocido, premiado. En principio, nadie esgrime sus materiales de trabajo y sufre por realizarlo, nadie estruja sus condiciones para que esos retorcimientos produzcan gloria e inmortalidad.

          Freud estudió otras culturas, pero Ralph Linton en “El hombre y sus obras” dice como: “Sin ningún conocimiento de primera mano de ninguna sociedad excepto la suya, sin saber siquiera qué estudios de pueblos ágrafos podían arrojar luz a su problema, utilizó fuentes secundarias, recopilaciones de autores competentes e incompetentes”. Al maestro del psicoanálisis le faltó impregnarse de etnografía y antropología. Continuando Lipton, añade: “La principal contribución a la psicología de la cultura hecha por B.  Malinowski consistió en demostrar que los hallazgos de Freud reflejaban el tiempo y lugar en que trabajó, y que cuando se trata de ciertos tipos de relaciones familiares, el complejo de Edipo, como lo anunciaba Freud, no existe”. Malinowski, brillante investigador de campo, probó que en las islas mílanesias Trobiand es el hermano mayor de la madre, o sea el tío, quién dirige la vida de los hijos de su hermana y entonces las variedades edípicas van dirigidas contra el tío y no contra el padre, lo que evidencia que el sexo no es la motivación de esas conductas.

          Las libras esterlinas que valorizaban egregios nombres de artistas y literatos, por el psicoanálisis se convirtieron en sucios billetes desvalorizados.

          Los que fustigamos al psicoanálisis que horroriza con sus investigaciones y afirmaciones, no es que deseamos salvar de sus taras a los artistas y literatos, sino que no darnos como verídicos diagnósticos dudables, considerando que es una monstruosidad médica utilizar suposiciones. La interpretación que los analistas freudianos hacen de los literatos, aparte de espeluznante es demoledora, ofensiva. En el psicoanálisis freudiano se recurre con frecuencia al amor por la madre, ya sea incestuoso o doloroso por el abandono que ella hace del hijo por una muerte temprana o por otros motivos menos fatales, Y todas las madres del mundo saben que los hijos no es tanto lo que las aman, sino que mucho más sienten que hay estorbo, y que nace un ansia de huida de la cercanía maternal y que desde la adolescencia arrastra la vida sexual en que la madre no participa y que no faltan madres que enseñan a sus hijos a volar para que abandonen el nido. El Complejo de Edipo fue un descubrimiento freudiano que algunos de los perturbados clientes del médico vienés posiblemente Lo tuvieron, pero ¿cuántos? ¿cien mil? ¿diez mil? poquísimos entre los millones de hijos que no lo tienen.

          Las preguntas que Freud contestó han entrado en la obsolescencia. Los analistas que de él se distancian van en aumento. El Dr. Seymour Rosenblatt, psicoquímico norteamericano, explica: “Todavía habrá miles de frustrados psiquiatras tratando de hacer milagros para eliminar los sentimientos de culpabilidad de la gente". Continuamos sumidos en la ignorancia con respecto al cerebro y al sistema nervioso? “ En vez de ello, los psiquiatras de hoy se han vuelto menos misteriosos. Habiéndose apartado de las seductoras abstracciones de Freud, nos encontramos en un universo molecular tan riguroso pero accesible como la astronomía o la física”. Es un mundo donde los investigadores representan el papel de detectives médicos, en busca de las causas de los trastornos en nuestras células cerebrales y en nuestros procesos químicos.

          No es acertado clasificar a todos los psicoanalistas en idéntica serie. Otros criterios han creado psicoanálisis diferenciados. El psicoanálisis ortodoxo que en los sueños, el agua, y otros elementos sólo vio desajustes sexuales, o inclinaciones irradiadoras, para quienes elaboraron juicios filosóficos, no médicos, pusieron ante sus ojos un microscopio descubridor de otras ampliaciones.

          La conducta degrada de los literatos y artistas se sabe más; sobresale entre el alto número de parecidas taras del hombre común, y los índices acusadores que lo destacaban encontraron oponentes defensores. Otto Rank, alumno y asistente de Freud, se atrevió a contradecirlo. Autor de varios libros, en “Art and Artist” analiza con serenidad, escribe: “Vemos claramente que el artista es, en cierto sentido, la antítesis del tipo neurótico autocrítico. No es que el artista no se autocritique, sino que parte de la aceptación de su propia personalidad y que por ello sólo alcanza lo que el neurótico persigue en vano, sino que va incluso más allá. La condición previa indispensable para la personalidad creadora es, por tanto, no sólo la aceptación, sino incluso la glorificación de sí mismo"

          La psiquiatría encendió polémicas. En sus comienzos difíciles surgieron negadores. Después, considerándola de eficacia descubridora y salvadora se la reverenció hasta el exceso. Como a los aciertos siguieron errores aciagos la antipsiquiatría se hizo oír. Hasta Freud psicoanalizado apareció al lado de sus enfermos, con trizaduras y quebraduras más que suficientes para merecer tal compañía. Los últimos veinte años han sido demoledores para las perspectivas psiquiátricas. En su libro “La muerte de la psiquiatría” E. Fuller Torrey publica: “La psiquiatría se muere, en definitiva, porque hoy se la ve como no funcional. El modelo médico, al abordar los problemas del comportamiento humano, produce confusiones en lugar de soluciones... Su muerte no es necesariamente un acontecimiento negativo, puesto que hace posible el nacimiento de una auténtica ciencia del comportamiento. Esta no puede salir a luz mientras la psiquiatría dure”. Aferrados a sus diagnósticos, los psicoanalistas lanzaron al mundo demasiadas entrañas pavorosas. Las respuestas tajantes de los analistas fueron peores que operaciones sin anestesia. Y si el mundo atónito supo que lo olvidado y sumergido en el subconsciente era más grande que todos los recuerdos juntos, con el tiempo llegó a saber que la sonda del psicoanálisis no había tocado fondo y que lo extraído tenía explicaciones insatisfactorias. Todos los confesores médicos creyeron que comunicando nuestros traumas nos librábamos de ellos. No imaginaron que podía quedarse más transido. El psicoanalista moderno pareció aferrarse al viejo y falso proverbio: “Quien canta sus males espanta”. ¿Los poetas de todos los tiempos no han cantado su dolor y se han quedado con él? El dolor es sangre y hueso y las palabras son nada más que palabras que pocas veces deshacen la esquirla. Las enfermedades psicosomáticas — como se dio a conocer en la Conferencia Europea de Medicina Psicosomática, celebrada en 1976 en Heidelberg (Alemania Federal) — consistirían en la incapacidad de transmitir “significados emocionales” por medio de la palabra, porque los pacientes aquejados de una enfermedad psicosomática tendrían una fantasía empobrecida y una incapacidad para expresar verbalmente sus emociones y afectos.

          Sobrepasan de cien las psicoterapias y en ese número las conductuales alcanzan más índices de edades variables. Entra el niño desde la cuna y el anciano que requiere asilo. Gran porcentaje de interrogantes esperan respuestas. Más todavía; las preguntas que todavía no se han formulado son las que el hombre no se ha hecho, ni se las han hecho.

          La memoria hereditaria que trae aprendidas las lecciones de un código familiar, han producido asombro en cambios evolutivos. En la organización social de las hormigas, de las abejas y de otros seres de la naturaleza, el que nació con disposiciones no se trasforma en otro; cada uno cumple en permanencia su función. Cambiar de ideas, proyectar, conjeturar, recordar, comprender, subir en una escala de ascensos y descender a los infiernos es en el hombre una lucha de ubicación y de ambiciones que muchas veces son inhumanas. La coexistencia de lo dispar es un problema del ser humano.

          El entendimiento y la precisión alcanzada por investigadores de gran talla, se detienen perplejos. El Dr. Raymond A. Moddy Jr. la evidencia al decir algo así como que las hipótesis no han dejado en claro si el consciente miente o el inconsciente embellece.

          Como somos variadísimos y variables, toda concepción fija ante la construcción permanente de la psiquis, es nula. Las metamorfosis son incesantes. Auténticamente casi nada sabemos de los demás. Lo desenredado es apenas una parte de la maraña de que estamos hechos. El poeta israelí Jaim Najman Bialik tiene hermosas palabras que delinean nuestro misterio: “ La luz de la mente y la palabra — la brasa y la llama — es inextinguible. ¿Pero qué representa el área bañada por esa luz imaginaria, comparada con el infinito océano de la oscuridad externa que sigue existiendo y seguirá existiendo "afuera"? Pues en última instancia esa oscuridad eterna es la que atrae el alma secreta del Hombre y despierta sus ocultos anhelos de atisbar en su interior, siquiera por un instante. Ninguna respuesta a la pregunta sobre lo que constituye la esencia, está contenida en la mera palabra. Ninguna respuesta más explícita es sólo una reformulación de la pregunta; la estupefacción se convierte en reposo, que es una manera de ocultar las cosas o de revelarlas. Lo desconocido se levanta ante nosotros con sus horrendas proporciones y por un momento permanecemos pesarosos en la tiniebla, inmóviles como la piedra”.

 


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© Karen P. Müller Turina